Artículo de ANáLISIS

El invierno demográfico argentino

Natalidad, juventud y desigualdad: un análisis con la Ciudad de Buenos Aires como caso de estudio

Entre 2014 y 2024 Argentina perdió casi la mitad de sus nacimientos anuales: de 777.000 a 413.135. La Tasa Global de Fecundidad (TGF) tocó en 2024 un piso histórico de 1,23 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional (2,1) y en niveles comparables a los de Chile, Corea del Sur o Europa del Sur. Este artículo reconstruye esa caída con fuentes oficiales —DEIS, INDEC, IDECBA, CEPAL— y la analiza desde una perspectiva generacional: no como una anomalía estadística, sino como el resultado de transformaciones profundas en las condiciones materiales y los proyectos de vida de la juventud argentina.

Se utiliza a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como caso de estudio por concentrar, de forma extrema, las dos caras del fenómeno: la fecundidad más baja del país (1,09 hijos por mujer) y las brechas más marcadas entre comunas. El trabajo cierra con un ejercicio propio de simulación de escenarios y una matriz conceptual de hipótesis, pensados como herramientas para el debate público y no como pronósticos.

Palabras clave: natalidad, fecundidad, demografía, juventud, CABA, políticas públicas, Argentina.

1. Introducción: una generación que nace de menos

En febrero de 2026, cuando el INDEC y el Ministerio de Salud confirmaron que 2024 había cerrado con 413.135 nacimientos —10% menos que el año anterior y menos de la mitad que una década atrás—, la noticia circuló como una curiosidad estadística más. Pero detrás del número hay una pregunta que atraviesa a toda una generación: ¿por qué las y los jóvenes argentinos tienen cada vez menos hijos, y cada vez más tarde?

La pregunta no es nueva ni exclusivamente argentina. La curva de fecundidad viene descendiendo en el país desde comienzos del siglo XX, con un breve repunte entre 1975 y 1980. Lo que sí es nuevo es la velocidad: la Tasa Global de Fecundidad cayó 46,5% entre 2014 y 2024, más de lo que había caído en los treinta y cuatro años anteriores. En el mismo lapso, la tasa bruta de natalidad pasó de 18,2 a 8,9 nacimientos por cada mil habitantes. Ningún otro indicador social argentino se movió tan rápido en tan poco tiempo, ni siquiera en las crisis económicas de 2001 o 2018.

Este artículo parte de una premisa simple: la caída de la natalidad no es un problema demográfico aislado, sino un síntoma. Es la manera en que una generación —la que hoy tiene entre 20 y 35 años— está respondiendo, con sus decisiones reproductivas, a un país que le ofrece empleo informal, alquileres impagables y un horizonte de mediano plazo cada vez más difícil de proyectar. Leer la natalidad exclusivamente en clave demográfica (envejecimiento poblacional, sistema previsional, reemplazo generacional) es necesario pero insuficiente. Hace falta también preguntarse qué le está pasando a la generación que, se supone, debería estar teniendo esos hijos.

Con ese objetivo, este trabajo se organiza en cinco movimientos. Primero, reconstruye la magnitud y la velocidad del derrumbe de la natalidad argentina con series oficiales de largo plazo. Segundo, muestra que la caída no fue pareja: golpeó mucho más fuerte entre las adolescentes y las madres de menor nivel educativo, lo que exige matizar cualquier lectura homogénea del fenómeno. Tercero, ubica a la Argentina en el contexto regional e internacional. Cuarto, usa a la Ciudad de Buenos Aires como caso de estudio, por ser el distrito con la fecundidad más baja del país y por la disponibilidad de datos desagregados por comuna. Quinto y último, propone un ejercicio original de simulación de escenarios hacia 2035 y una matriz conceptual de hipótesis sobre la relación entre condiciones materiales y deseo de maternidad/paternidad en la juventud, pensada como insumo para el debate de políticas públicas.

2. Marco de análisis: qué dice (y qué no dice) la literatura

La caída sostenida de la fecundidad por debajo del nivel de reemplazo es un fenómeno que la demografía viene estudiando desde hace décadas bajo el nombre de “segunda transición demográfica”: a diferencia de la primera transición (asociada a la caída de la mortalidad infantil), esta segunda fase se explica por cambios culturales y de valores —individualización de los proyectos de vida, mayor autonomía de las mujeres, postergación del matrimonio y la maternidad— que se combinan con el acceso a métodos anticonceptivos modernos.

En el caso argentino, especialistas consultados por distintos medios coinciden en que el fenómeno es multicausal, aunque difieren en el peso relativo que le asignan a cada factor. Desde la organización Fundar se enfatiza el ingreso masivo de las mujeres al mercado de trabajo, el aumento del nivel educativo femenino y el acceso a información y métodos de salud sexual y reproductiva. Desde CIPPEC se agrega el rol de las nuevas tecnologías anticonceptivas y los cambios en las preferencias sociales. Otras voces, como las del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, ponen el acento en la salida de la mujer al ámbito público sin una reorganización equivalente de las tareas de cuidado, y en cambios en los valores culturales de las generaciones más jóvenes. Ninguna de estas explicaciones es excluyente entre sí, y este artículo no pretende dirimir cuál pesa más, sino sumar una dimensión que suele quedar en segundo plano en el debate público: la económica y material.

Esa dimensión importa porque Argentina no solo viene de una transición cultural —como la mayoría de los países de la región—, sino de una década (2014-2024) marcada por estancamiento económico, inflación persistente y deterioro del mercado laboral joven. La pregunta que este trabajo intenta responder no es si los y las jóvenes quieren tener menos hijos que sus padres, sino en qué medida pueden sostener el proyecto de tenerlos, y qué rol cumple en esa ecuación el acceso al empleo, a la vivienda y a un horizonte de estabilidad mínima.

3. Metodología y fuentes

Este trabajo es un análisis secundario de datos oficiales. Las fuentes principales son la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación —que produce el Anuario de Estadísticas Vitales—, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (IDECBA), la Dirección Nacional de Población (RENAPER), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Banco Mundial. Se complementó con el trabajo de sistematización del Centro de Datos de Chequeado (2025) y con material de la organización Fundar (proyecto Argendata).

Todos los gráficos originales del artículo fueron elaborados por el IAEPG a partir de estas fuentes; cada uno indica su origen y, cuando corresponde, sus limitaciones metodológicas. La sección de escenarios hipotéticos (apartado 9) constituye un ejercicio de simulación propio, explícitamente identificado como tal: no se trata de una proyección demográfica oficial ni de un pronóstico, sino de una herramienta para pensar el rango de futuros posibles y las variables que los explican.

Los datos de fecundidad por comuna de la Ciudad de Buenos Aires disponibles públicamente y desagregados no cubren la totalidad de las 15 comunas porteñas; se trabajó con los valores extremos reportados por el IDECBA en su Anuario Estadístico 2024.
  — Nota metodológica

4. El derrumbe nacional: de 777.000 a 413.135 nacimientos

La Tasa Global de Fecundidad argentina viene descendiendo desde comienzos del siglo pasado, pero la Figura 1 permite ver un quiebre nítido. Entre 1980 y 2014 —treinta y cuatro años— la TGF cayó de 3,3 a 2,3 hijos por mujer: un descenso de 30,3%, gradual y sostenido, típico de un país en transición demográfica avanzada. Entre 2014 y 2024 —diez años— la misma tasa cayó de 2,3 a 1,23: un desplome de 46,5% en un tercio del tiempo. Argentina no solo profundizó una tendencia que ya venía de décadas: la aceleró de manera abrupta, hasta ubicarse muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1 hijos por mujer, el umbral que garantiza que cada generación reemplace a la anterior sin necesidad de saldo migratorio positivo.

Traducido a nacimientos absolutos, el fenómeno es todavía más elocuente. En 2014 nacieron en Argentina 777.000 bebés; en 2024, según el último Anuario de Estadísticas Vitales de la DEIS, nacieron 413.135. La Figura 2 desagrega esa caída en tres tramos: entre 2014 y 2019 se perdieron 152.000 nacimientos anuales; entre 2019 y 2023, otros 164.098; y solo entre 2023 y 2024 —un único año— la caída fue de 47.767 nacimientos, un 10% interanual. El ritmo de descenso no se desaceleró con el tiempo: si algo, se sostuvo e incluso se profundizó en el tramo más reciente. La tasa bruta de natalidad —8,9 nacimientos por cada mil habitantes en 2024— es hoy la mitad de la registrada apenas nueve años antes, en 2015.

Conviene detenerse en la magnitud de la comparación histórica: entre 1914 y 2014 —cien años— la natalidad argentina cayó de 35,9 a 18,2 nacimientos por mil habitantes, un descenso del 49,3% distribuido a lo largo de un siglo de transición demográfica, urbanización, control de la mortalidad infantil y cambios culturales profundos. Entre 2014 y 2024 la caída fue casi de la misma magnitud proporcional (51,1%), pero concentrada en apenas una década. La generación que hoy tiene entre 20 y 35 años es, en términos demográficos, protagonista de un cambio de escala histórica.

5. Una caída desigual: quién dejó de tener hijos

Uno de los hallazgos más importantes para matizar el relato público sobre la “crisis de la natalidad” es que el fenómeno no fue homogéneo. No cayó por igual en todos los grupos sociales, y esa desigualdad es clave para entender qué está pasando.

Según el análisis del Centro de Datos de Chequeado (2025) sobre información de la DEIS, entre 2005 y 2023 los nacimientos de madres con nivel educativo de hasta primaria completa cayeron 77%. En el otro extremo, entre madres con secundario completo y más, la caída fue de apenas 7%; entre las de secundario incompleto, 13%. La Figura 4 muestra esa brecha como un gráfico de pendientes: mientras la fecundidad de los sectores con menor escolaridad se derrumbó, la de los sectores con mayor nivel educativo apenas se movió.

En la misma línea, la tasa de fecundidad adolescente (nacimientos por cada mil mujeres de 10 a 19 años) cayó 64% entre 2005 y 2023 —de un nivel ya alto a 11,5 en 2023—, una caída más pronunciada que la de la fecundidad general (46,1% en el mismo período). Los propios especialistas consultados por Chequeado coinciden en una lectura positiva de este dato puntual: la reducción del embarazo adolescente, asociada a la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) y a un mayor acceso a métodos anticonceptivos, amplía las oportunidades de las adolescentes para completar sus estudios y mejorar su inserción laboral futura. Es, en ese sentido, una noticia distinta —y más auspiciosa— que la caída general de la natalidad, aunque ambas compartan la misma dirección estadística.

La otra cara de esa desigualdad aparece en la edad a la maternidad. Según datos de la Dirección Nacional de Población (RENAPER) y el Ministerio de Salud, las mujeres con primaria incompleta tienen su primer hijo, en promedio, a los 19,8 años; las universitarias, a los 27,7. La brecha por ingreso es igual de marcada: 22 años en los hogares del quintil de menores ingresos, 28 en los del quintil más alto (Figura 3). La maternidad temprana, lejos de ser solo una elección cultural, sigue funcionando como un espejo bastante fiel de la desigualdad estructural argentina: se es madre joven cuando hay menos opciones —educativas, laborales, materiales— para postergar esa decisión, y se posterga la maternidad cuando esas opciones existen.

Leídas en conjunto, las Figuras 3 y 4 sugieren una hipótesis que se retoma en el apartado 9: la caída de la natalidad no es solo el resultado de que “los jóvenes ya no quieren tener hijos”, sino de una recomposición más compleja, en la que se combinan una postergación de la maternidad entre los sectores con más recursos (que la posponen para priorizar estudios y carrera) y una caída más profunda de la natalidad temprana en los sectores populares, donde el embarazo adolescente dejó de ser, cada vez más, un destino casi inevitable.

6. Argentina en el mundo: la fecundidad ultra-baja como fenómeno regional

Figura 6. Tasa Global de Fecundidad, comparación regional, 2023-2024. Fuente: CEPAL; DEIS.

Argentina no está sola. Según el Observatorio Demográfico 2025 de la CEPAL, la Tasa Global de Fecundidad promedio de América Latina y el Caribe cayó a 1,8 hijos por mujer en 2024, ya por debajo del nivel de reemplazo. Pero dentro de la región hay un grupo de países —Chile, Costa Rica, Uruguay y ahora Argentina— que integran lo que la demografía clasifica como “fecundidad ultra-baja”: tasas por debajo de 1,5 hijos por mujer, un umbral que hasta hace pocos años se asociaba casi exclusivamente a países de Europa del Sur y del Este asiático.

La Figura 6 ordena la comparación: Chile encabeza el ranking con 1,14 hijos por mujer, seguido de cerca por Argentina con 1,23 (dato 2024, DEIS). Costa Rica (1,32) y Uruguay (1,40) completan el pelotón de fecundidad ultra-baja regional. Brasil (1,61) y Colombia (1,63) todavía se ubican algo más cerca del promedio latinoamericano, aunque también por debajo del nivel de reemplazo.

Este dato regional es importante para matizar cualquier explicación exclusivamente local o coyuntural. Argentina, Chile, Uruguay y Costa Rica comparten trayectorias de modernización, urbanización y ampliación de derechos reproductivos bastante similares en las últimas dos décadas, más allá de sus diferencias económicas y políticas puntuales. Esto sugiere que se trata de una transformación estructural de largo plazo —y regional— antes que de un fenómeno atribuible a un gobierno o una coyuntura económica específica, aunque la velocidad del derrumbe argentino de la última década sí parece tener una marca local propia.

7. Buenos Aires al revés: la Ciudad como caso de estudio

Si la Argentina es un caso agudo dentro de América Latina, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es el caso más agudo dentro de la Argentina. Según el IDECBA, la fecundidad porteña tocó en 2023 su punto más bajo de la historia: 1,09 hijos por mujer, frente a 1,86 en 2006. Es, con diferencia, la jurisdicción con menor fecundidad del país —muy por debajo del 12,3‰ de Misiones o el 11,9‰ de Chaco en tasa bruta de natalidad, y apenas por encima de Tierra del Fuego (6,9‰) en ese mismo indicador—. Los nacimientos de residentes porteños cayeron de 44.347 en 2010 a 23.760 en 2023, una reducción cercana al 47%.

Figura 5. Crecimiento vegetativo por comuna, CABA, 2023 (valores extremos). Fuente: IDECBA.

Pero el dato más interesante de CABA no es su promedio, sino su distribución interna. La Ciudad no cae de manera uniforme: se parte en dos. Según el Anuario Estadístico 2024 del IDECBA, en 2023 solo cuatro de las quince comunas porteñas registraron crecimiento vegetativo positivo (más nacimientos que defunciones): la Comuna 8 (+2,9‰), la Comuna 14 (+2,4‰), la Comuna 1 (+0,9‰) y la Comuna 4 (+0,2‰). En el otro extremo, las comunas con peor balance —11 (-4,8‰), 10 (-3,9‰) y 6 (-3,8‰)— muestran una Ciudad que se achica de manera sostenida. La Figura 5 visualiza esos extremos.

El patrón geográfico no es azaroso. Las comunas con balance vegetativo positivo (8 y 14, en el sur de la Ciudad) combinan estructuras familiares más numerosas, mayor proporción de madres jóvenes y niveles socioeconómicos relativamente más bajos que el promedio porteño. Las comunas con mayor retracción (10, 11, en el centro y el oeste) tienden a coincidir con perfiles poblacionales más envejecidos, mayor nivel educativo y mayor postergación de la maternidad. En otras palabras: dentro de la propia Ciudad de Buenos Aires se reproduce, en miniatura, la misma tensión que el apartado 5 describió a escala nacional entre postergación (asociada a más recursos) y natalidad temprana (asociada a menos recursos), con el agregado de que en CABA ambas dinámicas conviven puerta a puerta, separadas por unas pocas estaciones de subte.

Esta caída sostenida ya tiene efectos concretos sobre la planificación urbana: medios porteños vienen reportando una baja en las inscripciones a jardines de infantes y escuelas primarias de gestión estatal y privada en distintas comunas, un efecto de “arrastre” típico de toda caída de natalidad que primero se nota en la demanda de servicios para la primera infancia y, con el correr de los años, se traslada al nivel primario, secundario y, eventualmente, al mercado laboral y al sistema previsional.

8. La mirada joven: por qué la generación actual posterga (o descarta) la maternidad y la paternidad

Hasta acá, el artículo describió el fenómeno con series demográficas. Esta sección intenta explicarlo desde la posición de quienes lo protagonizan: la propia juventud argentina.

Tres datos del mercado de trabajo y la vivienda ayudan a completar el cuadro:

  • Desempleo joven: según la EPH del INDEC, en el último trimestre de 2024 la desocupación entre jóvenes de 14 a 29 años fue de 13,1%, frente a 4,5% entre adultos de 30 a 64 años; bajo la definición de la OIT (15 a 24 años), el desempleo juvenil trepó a 19,4% en el tercer trimestre de 2024, muy por encima del promedio mundial (13%) y regional (13,6%).
  • Informalidad laboral: 45,1% de los jóvenes ocupados son asalariados informales (contra 22,2% de los adultos); sumando cuentapropistas no profesionales, la informalidad juvenil trepa a 62,4%.
  • Acceso a la vivienda: la tasa de no emancipación alcanza el 39% a nivel nacional —unos 1,8 millones de jóvenes adultos que siguen viviendo en el hogar de origen—; según estimaciones de 2026, cuatro de cada diez jóvenes no logran independizarse porque alquilar un monoambiente en solitario ya supera la mitad de un salario joven promedio.

Ninguno de estos tres indicadores mide directamente la decisión de tener o no tener hijos. Pero es difícil sostener que son irrelevantes para esa decisión. Tener un hijo —desde la perspectiva de cualquier proyecto de vida mínimamente planificado— supone, entre otras cosas, cierta estabilidad laboral, cierta previsibilidad de ingresos y algún tipo de autonomía habitacional. Cuando esas tres condiciones son la excepción y no la regla para buena parte de la juventud argentina, la pregunta relevante deja de ser únicamente “¿por qué los jóvenes tienen menos hijos?” y empieza a ser también “¿en qué medida los jóvenes argentinos pueden, en las condiciones actuales, sostener el proyecto de tenerlos?”.

Esto no implica reducir el fenómeno a una explicación puramente económica ni desconocer los factores culturales, educativos y de derechos reproductivos descriptos en el apartado 2, que son reales, están documentados y explican buena parte de la caída de la fecundidad adolescente en particular. Se trata, más bien, de sumar una variable que el debate público —muchas veces centrado en explicaciones morales o culturales, en cualquiera de sus signos políticos— tiende a subestimar: la de la viabilidad material del proyecto de tener hijos en un país con inestabilidad económica crónica.

9. Hipótesis y escenarios: tres futuros posibles

Esta sección propone dos herramientas originales de este trabajo, pensadas explícitamente como ejercicios de simulación e insumos para el debate —no como pronósticos ni resultados empíricos.

9.1. Tres escenarios hacia 2035

Figura 7. Escenarios hipotéticos de TGF, Argentina, 2024–2035. Elaboración propia IAEPG. Modelo ilustrativo, no predictivo.

A partir de la tendencia histórica 2014-2024 (una caída compuesta de -6,07% anual en la TGF), se construyeron tres escenarios hipotéticos de evolución de la fecundidad argentina hacia 2035:

Escenario A – Continuidad de la tendencia. Si la TGF siguiera cayendo al mismo ritmo compuesto de la última década, en 2035 Argentina llegaría a una tasa de apenas 0,62 hijos por mujer: un nivel sin precedentes globales conocidos y, por lo tanto, poco probable en términos puramente demográficos (las curvas de fecundidad ultra-baja tienden a encontrar pisos, no a caer indefinidamente). Se incluye igualmente como límite superior de la tendencia inercial, para dimensionar la magnitud del fenómeno si no mediara ningún freno.

Escenario B – Estabilización en el piso histórico. Supone que la TGF se estabiliza en torno a los valores actuales (1,20-1,25), replicando lo que ocurrió en varios países de fecundidad ultra-baja que, tras un derrumbe acelerado, “aplanaron” la curva sin recuperarla significativamente. Es, en cierto sentido, el escenario más conservador y el que mejor refleja el comportamiento reciente de países como Corea del Sur o España en fases similares.

Escenario C – Recuperación moderada. Modela una hipótesis de política pública: si mejoraran de manera sostenida el empleo joven de calidad y el acceso a la vivienda —dos de las variables identificadas en el apartado 8—, la TGF podría recuperar parte del terreno perdido, llegando a 1,55 hijos por mujer hacia 2035. Es un escenario deliberadamente moderado: ni siquiera en el mejor de los casos modelados se recupera el nivel de reemplazo poblacional (2,1), lo que sugiere que Argentina ya cruzó un umbral estructural difícil de revertir en el corto y mediano plazo.

Los tres escenarios comparten el mismo punto de partida (2024: TGF = 1,23, dato real) y se bifurcan a partir de supuestos explícitos y distintos sobre el comportamiento de las variables económicas y culturales. Ninguno constituye una predicción: son herramientas para pensar el rango de futuros posibles y, sobre todo, para discutir qué políticas podrían mover a la Argentina de un escenario a otro.

9.2. Una matriz de hipótesis: condiciones materiales y deseo de maternidad/paternidad

Figura 8. Matriz de hipótesis. Elaboración propia IAEPG.

La Figura 8 propone un marco conceptual propio, elaborado por el IAEPG a partir de la literatura consultada y de los hallazgos de este trabajo, para ordenar las distintas situaciones que puede atravesar una persona joven frente a la decisión de tener hijos. Cruza dos variables: el nivel de condiciones materiales disponibles (empleo, vivienda, ingresos) y la intensidad del deseo o proyecto de maternidad/paternidad.

El cuadrante ① —postergación defensiva— combina bajas condiciones materiales con proyectos de vida orientados a lo individual: es, según la evidencia de empleo e informalidad reunida en el apartado 8, el cuadrante donde probablemente se ubica una porción creciente de la juventud argentina, y el que mejor explica la aceleración de la caída de la natalidad en la última década. El cuadrante ② —deseo contenido— agrupa a quienes sí desean formar una familia pero no logran sostener las condiciones materiales para hacerlo: es la “brecha entre el hijo deseado y el hijo posible” que menciona buena parte de la literatura sobre fecundidad. El cuadrante ③ —autonomía elegida— corresponde a quienes, con condiciones materiales resueltas, priorizan otros proyectos de vida antes que la maternidad o la paternidad: es la explicación más asociada a la “segunda transición demográfica” clásica. El cuadrante ④ —escenario favorable— es una condición necesaria pero no suficiente para revertir parte de la caída: combina buenas condiciones materiales con un proyecto de vida orientado a la familia, y es hacia donde debería orientarse cualquier política pública que busque, sin forzar decisiones individuales, ampliar el margen de elección real de la juventud argentina.

Esta matriz no pretende medir empíricamente en qué proporción se distribuye la juventud argentina entre los cuatro cuadrantes —eso excede los datos disponibles y ameritaría una encuesta específica—, sino ofrecer un lenguaje común para esa discusión, que hoy suele darse de manera fragmentada entre quienes leen la caída de la natalidad en clave exclusivamente cultural y quienes la leen en clave exclusivamente económica.

10. Discusión: qué está en juego

La caída de la natalidad no es un problema en sí mismo desde una perspectiva de derechos individuales: cada persona tiene el derecho a decidir si quiere o no tener hijos, cuántos y cuándo, y buena parte de la caída —en particular la del embarazo adolescente— refleja una ampliación genuina de esa capacidad de decisión, especialmente entre las mujeres. Ese punto de partida es importante y no debería perderse en ningún debate sobre este tema.

Pero la velocidad y la escala del fenómeno sí tienen consecuencias estructurales que exceden las decisiones individuales y que ameritan atención de política pública: una pirámide poblacional que envejece más rápido de lo previsto presiona sobre el sistema previsional, el sistema de salud y la relación entre población activa y pasiva; una caída sostenida de la matrícula escolar reconfigura la planificación educativa a mediano plazo, como ya empieza a notarse en algunas comunas porteñas; y una generación que posterga o descarta la maternidad/paternidad por imposibilidad material —no por decisión libre— representa, en sí misma, una forma de restricción de derechos que merece ser nombrada como tal.

De ahí que este artículo proponga cerrar la brecha entre dos lecturas que, en el debate público argentino, suelen presentarse como opuestas: la que celebra la caída de la natalidad como sinónimo de mayor autonomía femenina y acceso a derechos reproductivos, y la que la lamenta como síntoma de decadencia social o cultural. Ambas capturan una parte real del fenómeno, pero ninguna, por sí sola, explica por qué Argentina cayó tan rápido y tan fuerte en apenas una década. La hipótesis que este trabajo pone sobre la mesa es que buena parte de esa aceleración específicamente argentina —más allá de la tendencia estructural y regional de largo plazo— tiene que ver con las condiciones materiales concretas que atraviesa la juventud del país: empleo precario, salarios que no alcanzan y un mercado de la vivienda que expulsa a quien recién empieza.

11. Conclusiones

Argentina atraviesa la caída de natalidad más rápida de su historia moderna: en una década perdió lo que antes le había tomado un siglo perder, y hoy integra, junto a Chile, Uruguay y Costa Rica, el grupo de países latinoamericanos con fecundidad “ultra-baja”. Esa caída no fue pareja: golpeó con particular fuerza a las madres adolescentes y a las de menor nivel educativo, lo que exige matizar cualquier relato homogéneo sobre “la juventud” y sus decisiones reproductivas. La Ciudad de Buenos Aires, con la fecundidad más baja del país y brechas internas muy marcadas entre comunas, funciona como un laboratorio a escala reducida de las mismas tensiones que atraviesan al país en su conjunto.

Los tres escenarios de simulación presentados en este trabajo —continuidad, estabilización, recuperación moderada— comparten una conclusión incómoda: ni siquiera en el escenario más optimista modelado la Argentina recupera el nivel de reemplazo poblacional hacia 2035. Eso sugiere que el país ya cruzó un umbral estructural. La pregunta relevante para la próxima década no es entonces si la natalidad va a “volver a los niveles de antes” —probablemente no—, sino qué margen de elección real tiene la juventud argentina para decidir, sin condicionamientos materiales extremos, si quiere o no ser parte de esa demografía futura. Ese margen de elección, y no una cifra específica de nacimientos, debería ser el verdadero objetivo de cualquier política pública que aborde este tema.

Fuentes consultadas:

Banco Mundial. Indicadores de natalidad y fecundidad, Argentina. Centro de Datos de Chequeado (2025). “Caída de la natalidad en la Argentina: se redujo más en madres adolescentes y de menor nivel educativo”. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Observatorio Demográfico 2025. Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), Ministerio de Salud de la Nación. Anuario de Estadísticas Vitales 2024 y Síntesis Estadística N.° 9. Dirección Nacional de Población (RENAPER), Ministerio del Interior. La Natalidad y la Fecundidad en Argentina entre 1980 y 2020. Fundar / Argendata. “Tasa global de fecundidad en Argentina”. Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (IDECBA). Anuario Estadístico 2024; La fecundidad en la Ciudad de Buenos Aires. Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Indicadores demográficos y Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Observatorio de Salud, Universidad ISALUD. Pantelides, E. A. (1992). Estudios de fecundidad histórica, INDEC.

Elaborado por el Instituto Argentino de Análisis Estratégico y Prospectiva Global (IAEPG). Julio de 2026.