Análisis

Brasil, voto a voto: ¿qué implica el triunfo de Lula?

El domingo 25 de octubre, Brasil volvió a demostrar que una ventaja electoral no equivale a una victoria asegurada. Luiz Inácio Lula da Silva consiguió revertir el resultado de la primera vuelta y obtuvo su reelección como presidente del país. Se impuso sobre Flávio Bolsonaro, senador del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, con el 51,79 % de los votos válidos frente al 48,21 % de su adversario. La diferencia fue de 4.430.191 sufragios, según los resultados oficiales del Tribunal Superior Electoral (TSE, 2026a).

La contienda volvió a enfrentar dos proyectos políticos profundamente contrapuestos. Sin embargo, el interés por esta elección no puede reducirse únicamente al resultado. Lula llegaba al balotaje en un escenario competitivo. Una de las últimas encuestas de Datafolha daba como ganador a Flávio Bolsonaro por dos puntos porcentuales en votos válidos, con un 51 % frente al 49 % del candidato del Partido de los Trabajadores (PT) (CNN Brasil, 2026c). Finalmente, Lula consiguió revertir la ventaja inicial de su adversario en una campaña ajustada, marcada por la polarización y la disputa por el voto de los sectores que no habían acompañado a ninguna de las dos candidaturas en la primera vuelta.

El resultado abre interrogantes que exceden la competencia electoral. ¿Qué factores permitieron que Lula revirtiera la ventaja inicial de Flávio? ¿Qué peso tuvieron las alianzas políticas y las diferencias territoriales? ¿Cómo condicionará la composición del Congreso la nueva gestión? Y, en un escenario internacional atravesado por disputas entre distintas orientaciones políticas, ¿qué consecuencias puede tener la continuidad del gobierno brasileño?

Un electorado dividido

La victoria de Lula no puede entenderse únicamente como un cambio en las preferencias de una parte del electorado, sino como el resultado de una reconfiguración de la competencia entre las dos vueltas. En la primera, Flávio Bolsonaro había obtenido el 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % de su rival (Agência Brasil, 2026a). Tres semanas después, la diferencia se invirtió.

Uno de los elementos que contribuyen a explicar este desenlace es la participación electoral. La abstención descendió del 21,08 % al 19,22 %, lo que representa una mayor concurrencia a las urnas en la segunda vuelta (TSE, 2026a). También disminuyeron los votos en blanco y nulos, ampliándose el volumen de sufragios válidos. El resultado final registró más de 124 millones de votos válidos. En una elección tan ajustada, los cambios en la participación pudieron influir en el desenlace; sin embargo, los datos agregados no permiten determinar por sí solos a qué candidato apoyaron quienes votaron en la segunda vuelta y no lo habían hecho en la primera.

También debe considerarse el comportamiento de los votantes de las candidaturas que quedaron fuera del balotaje. En la primera vuelta, los candidatos eliminados habían reunido millones de votos que, en la segunda, podían distribuirse entre Lula, Flávio Bolsonaro, el voto en blanco, el voto nulo o la abstención. En este escenario, Flávio recibió el respaldo formal de Republicanos, Novo, Podemos y de la federación União Progressista, integrada por União Brasil y Progressistas (Agência Brasil, 2026d; CNN Brasil, 2026a; UOL, 2026a).

A su vez, contó con el apoyo de Romeu Zema, Ronaldo Caiado y Augusto Cury. Zema, del partido Novo, anunció su respaldo el 5 de octubre; Caiado, del PSD, hizo lo propio al día siguiente; y Cury, de Avante, declaró su apoyo el 8 de octubre. En cambio, Renan Santos, de Missão, se mantuvo neutral y dejó a sus electores en libertad de decidir (CNN Brasil, 2026b). En el caso de Caiado, es importante distinguir su decisión personal de la posición institucional de su partido: el PSD liberó a sus directorios estaduales para que definieran sus propios apoyos, sin establecer una adhesión nacional uniforme a ninguna de las dos candidaturas (Agência Brasil, 2026b).

Lula, por su parte, también recibió adhesiones de otras fuerzas políticas, aunque los apoyos no se distribuyeron de manera uniforme entre las candidaturas (CNN Brasil, 2026b). Contó con el respaldo del Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU); del Partido Comunista Brasileño (PCB), representado por Costa; y de Unidad Popular (UP), de Martins. La diferencia entre los respaldos dirigenciales y el resultado final permite señalar que las alianzas partidarias no se traducen automáticamente en votos. El apoyo de una conducción política no garantiza que sus electorados actúen de manera homogénea ni que esas adhesiones alcancen para construir una mayoría nacional.

Además, Brasil no constituye un electorado homogéneo. Las diferencias entre regiones, las condiciones socioeconómicas y las distintas experiencias frente a las políticas públicas influyen en la relación entre la ciudadanía y las fuerzas políticas. Por eso, observar la distribución territorial de los votos permite comprender mejor cómo se construyó la mayoría que definió la elección.

Los casos del Nordeste, São Paulo y Minas Gerais permiten analizar distintas dinámicas. La región del Nordeste brasileño está conformada por los estados de Alagoas, Bahia, Ceará, Maranhão, Paraíba, Pernambuco, Piauí, Rio Grande do Norte y Sergipe. En esta parte del territorio, Lula obtuvo la mayoría de los votos tanto en la primera como en la segunda vuelta. Según los resultados electorales, pasó de aproximadamente 21,49 millones de votos en la primera vuelta a 24,45 millones en el balotaje, un crecimiento cercano a 2,96 millones de sufragios. Flávio también aumentó su caudal electoral en la región: pasó de unos 10,40 millones a aproximadamente 10,80 millones de votos (TSE, 2026a; UOL, 2026c).

En el estado de São Paulo, en cambio, Flávio Bolsonaro fue el ganador, con el 53,85 % de los votos válidos frente al 46,15 % de su rival. Sin embargo, Lula se impuso en la ciudad de São Paulo (TSE, 2026a). Esta diferencia muestra que los resultados de una capital no necesariamente representan el comportamiento electoral del conjunto del estado. Aunque el candidato del PL mantuvo allí una ventaja importante, el crecimiento de Lula entre las dos vueltas redujo la distancia entre ambos en uno de los mayores distritos electorales del país.

Los resultados territoriales también muestran el carácter ajustado de la contienda en otros distritos. En la primera vuelta, Lula ganó en 12 estados; en la segunda, triunfó en 13. Solo un estado cambió de ganador: Minas Gerais. En la primera vuelta, Flávio había ganado allí con el 48,24 % de los votos frente al 43,33 % de Lula. En el balotaje, Lula obtuvo el 50,43 % y Flávio el 49,57 %, con una diferencia de aproximadamente 109.000 votos a favor del candidato del PT (TSE, 2026a).

El cambio fue notorio en el plano estatal. Lula pasó de quedar detrás de Flávio en la primera vuelta a imponerse en el balotaje. No obstante, el resultado de Minas Gerais no explica la diferencia nacional. La cantidad de unidades federativas en las que cada candidato triunfó no determina quién obtiene la presidencia, el resultado depende de la suma de los votos en todo el país.

El Sudeste, que incluye São Paulo, Minas Gerais, Rio de Janeiro y Espírito Santo, ofrece otro dato relevante. Al sumar los resultados de los cuatro estados, Flávio obtuvo aproximadamente 26,84 millones de votos en la segunda vuelta, frente a los 24,04 millones de Lula. Sin embargo, al comparar las dos instancias, Lula sumó cerca de 4,80 millones de votos adicionales en la región, mientras que Flávio incorporó aproximadamente 1,94 millones. Como resultado, la ventaja regional del candidato del PL se redujo (TSE, 2026a; UOL, 2026b).

La comparación entre el Nordeste y el Sudeste permite comprender que la victoria se construyó a partir de dinámicas territoriales diferentes. En el primero, Lula amplió una ventaja que ya tenía. En el segundo, incrementó su caudal electoral y redujo la diferencia que lo separaba de Flávio, aunque no logró imponerse en el conjunto regional. Los datos muestran que el resultado no fue producto de una transformación uniforme del electorado ni del cambio de ganador en un solo estado.

Por su parte, Flávio Bolsonaro se impuso en los estados de Acre, Goiás, Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Paraná, Rio de Janeiro, Rio Grande do Sul, Rondônia, Roraima, Santa Catarina, São Paulo, Espírito Santo y Tocantins, además del Distrito Federal. De este modo, obtuvo la victoria en 14 de las 27 unidades federativas brasileñas. En el exterior, también logró imponerse en países como Emiratos Árabes Unidos, Paraguay, Tailandia e Israel, entre otros (TSE, 2026a).

El mapa territorial confirma que el bolsonarismo conserva una base electoral extendida y competitiva. Lula logró reunir una mayoría nacional sin imponerse en todas las regiones, por lo que su reelección no debe interpretarse como la desaparición de las diferencias políticas que atraviesan al país.

Las controversias de la jornada

El balotaje estuvo atravesado por controversias que pusieron en discusión las condiciones de acceso al voto, la organización de los comicios y la transparencia del proceso. Si bien estas situaciones no constituyen evidencia de fraude electoral por sí mismas, sí exigen examinar las decisiones adoptadas y las condiciones en las que la ciudadanía pudo ejercer su derecho al voto.

Una de las principales polémicas fue la reducción de la circulación del transporte público en distintas ciudades. En Salvador, Bahia, las inspecciones detectaron centenares de colectivos detenidos en garajes, mientras numerosos electores denunciaban demoras y dificultades para llegar a los centros de votación (El Destape, 2026). El episodio llamó la atención, ya que se trata de una ciudad gobernada por un aliado de Flávio. La Justicia ordenó la detención de un funcionario por la reducción de los servicios de colectivos. La investigación deberá establecer las responsabilidades y determinar si se obstaculizó deliberadamente el derecho al voto. El caso evidencia que la libertad de votar requiere que los ciudadanos puedan ejercer su derecho sin obstáculos que afecten su participación.

Otra controversia fue la extensión extraordinaria del horario de votación. Durante la jornada, ambas campañas presidenciales informaron dificultades vinculadas al transporte de electores y solicitaron ampliar el horario, aunque sus pedidos tuvieron alcances distintos. La campaña de Lula pidió extender la votación en todo el país, mientras que la de Flávio solicitó una ampliación en determinados municipios (CNN Brasil, 2026d).

Ante la situación, el ministro del Supremo Tribunal Federal (STF), Cristiano Zanin, resolvió extender por dos horas el horario de votación, hasta las 19:00, en las secciones electorales que todavía permanecían abiertas a las 17:00. La medida fue adoptada tras los reportes sobre restricciones en la circulación del transporte público y la presentación de un pedido por parte de la campaña de Lula. El TSE informó que la decisión debía aplicarse únicamente en los lugares donde la votación no había concluido; no implicaba la reapertura de secciones que ya habían cerrado (Agência Brasil, 2026f; TSE, 2026b).

La decisión también exigió ajustes operativos. El TSE suspendió temporalmente la recepción de los boletines de urna, la totalización de los votos y la difusión de resultados, que se reanudaron después de las 19:00. El presidente del organismo, Kassio Nunes Marques, explicó que la medida había requerido adaptaciones en los sistemas y en las rutinas de la Justicia Electoral (TSE, 2026c).

La prórroga, anunciada cuando ya comenzaban a difundirse resultados preliminares, alimentó cuestionamientos políticos por su carácter excepcional y por el momento en que fue adoptada. Sin embargo, es importante distinguir entre la controversia que generó la decisión y la existencia de una irregularidad comprobada. La finalidad declarada de la medida fue permitir que los electores que todavía se encontraban en secciones habilitadas pudieran ejercer su derecho.

La cantidad de votos registrados después de las 17:00 también fue objeto de discusión. Según el balance publicado por el propio TSE, se contabilizaron 34.393 votos posteriores a ese horario en territorio nacional. De ese total, 32.399 fueron registrados entre las 17:00 y las 18:00; 1.981, entre las 18:00 y las 19:00; y 13, después de las 19:00 (TSE, 2026d).

Estas cifras requieren una aclaración fundamental: no equivalen al número de votos que solo pudieron emitirse gracias a la prórroga. De acuerdo con las reglas electorales brasileñas, las personas que ya estaban en la fila a las 17:00 tenían derecho a votar, incluso si el procedimiento de cierre se extendía más allá de esa hora. Por eso, el total de votos registrados después de las 17:00 incluye a electores que podían encontrarse en fila o en proceso de votación antes del horario previsto de cierre. El número aislado no permite medir cuántas personas pudieron votar exclusivamente por la extensión ni demuestra que hubiera irregularidades.

Por último, el sistema de voto electrónico volvió a ocupar un lugar en el debate sobre la credibilidad electoral. Durante la jornada se registraron reemplazos de urnas por problemas operativos. En las primeras dos horas de votación se habían sustituido 467 equipos, equivalentes al 0,09 % de las 499.248 urnas utilizadas (Agência Brasil, 2026e).

La sustitución de equipos constituye un incidente técnico que debe ser registrado y atendido, pero no prueba por sí misma una manipulación de los sufragios. El sistema brasileño contempla mecanismos de contingencia para responder ante fallas operativas. Por eso, cualquier denuncia sobre la integridad del escrutinio debe evaluarse a partir de evidencias verificables y de los procedimientos de control, no únicamente de sospechas difundidas durante la elección.

En conjunto, estos episodios muestran que la integridad de una elección no depende exclusivamente de que los votos se cuenten correctamente. También requiere garantizar que la ciudadanía pueda llegar a votar, que las decisiones extraordinarias se fundamenten de manera transparente y que los incidentes técnicos sean comunicados y auditados adecuadamente.

El reclamo de Flávio Bolsonaro ante la Justicia

La victoria de Lula no puso fin a la disputa electoral. Apenas conocidos los resultados, Flávio Bolsonaro anunció que no reconocería la derrota y que recurriría a la Justicia para solicitar la anulación de los comicios. Sin embargo, luego desistió de pedir la anulación y pasó a apuntar a la casación de la fórmula ganadora por supuesto abuso de poder político y económico. Posteriormente, el PL terminó reconociendo el resultado.

Su principal argumento inicial fue la decisión del ministro del STF, Cristiano Zanin, de extender el horario de votación para las secciones que seguían abiertas. Según el senador del PL, la medida había alterado las reglas electorales en plena jornada y comprometido la igualdad de condiciones entre los votantes (Simões & Brito, 2026).

La controversia requiere distinguir los pedidos que habían presentado las campañas. La de Lula solicitó una prórroga en todo el territorio nacional, mientras que la de Flávio había planteado extender el horario en determinados municipios. Las dos candidaturas señalaron dificultades relacionadas con el transporte de electores, pero no formularon pedidos idénticos (CNN Brasil, 2026d).

El TSE explicó que la extensión se aplicó en las secciones que todavía no habían concluido la votación a las 17:00 y publicó posteriormente su propio balance de los votos registrados después de ese horario. El organismo contabilizó 34.393 sufragios posteriores a las 17:00, mientras que la diferencia final entre ambos candidatos fue de 4.430.191 votos a favor de Lula (TSE, 2026a, 2026d). Aunque la distancia entre ambas cifras permite dimensionar la magnitud del resultado, no alcanza por sí sola para resolver cualquier objeción sobre el procedimiento. Para evaluar una impugnación es necesario examinar las pruebas presentadas, las normas aplicables y la relación entre las irregularidades denunciadas y el resultado electoral.

Esta evolución es relevante porque permite distinguir entre el anuncio de solicitar la anulación de la elección, realizado inmediatamente después de conocerse la derrota, y la posterior decisión de cuestionar la fórmula ganadora por otras presuntas irregularidades. Ninguna de esas acusaciones debe presentarse como un hecho probado. Para que un planteo judicial pueda modificar el resultado, es necesario acreditar las irregularidades denunciadas y demostrar que tienen entidad suficiente para afectar la validez del proceso.

La disputa, por lo tanto, no terminó con el escrutinio, pero tampoco puede confundirse el cuestionamiento político de un resultado con la demostración de fraude. La legitimidad institucional de la elección y las eventuales responsabilidades deberán evaluarse a partir de los procedimientos y las pruebas correspondientes.

¿Cómo queda la relación de fuerzas finalmente?

La reelección de Lula no modifica por sí misma la correlación de fuerzas que se había configurado en el resto del sistema político brasileño. Aunque el PT consiguió retener la presidencia, la derecha consolidó su presencia parlamentaria y el próximo gobierno deberá desenvolverse en un escenario legislativo que limita su margen de maniobra.

El resultado legislativo, definido en la primera vuelta, evidencia que el Partido Liberal (PL) se convirtió en la principal fuerza de la Cámara de Diputados, con 121 bancas sobre un total de 513. La federación formada por PT, PCdoB y PV obtuvo 88 bancas y se convirtió en la segunda fuerza de la Cámara. De ese total, 70 corresponden al PT. Por su parte, la federación União Progressista, integrada por União Brasil y Progressistas, reunió 87 bancas (Agência Senado, 2026; Agência Brasil, 2026c).

De este modo, el PL concentra alrededor del 23,6 % de las bancas, mientras que la federación PT-PCdoB-PV representa aproximadamente el 17,2 % y União Progressista, cerca del 17 %. Ninguno de estos bloques alcanza por sí solo la mayoría absoluta. En el Senado, el PL también quedó como primera fuerza, con 28 de las 81 bancas (El País, 2026).

La importancia de la federación União Progressista no se limita a su representación parlamentaria. Sus 87 bancas la convierten en un actor relevante para las negociaciones legislativas y la construcción de mayorías. Aun así, su respaldo electoral a Flávio Bolsonaro no implica que sus legisladores vayan a mantener una posición unificada frente a todas las iniciativas del Ejecutivo. Su comportamiento dependerá de cada negociación y de los intereses que se pongan en juego.

Esta distribución obliga a Lula a recurrir a acuerdos con fuerzas que no necesariamente comparten su programa. La aprobación de proyectos, la negociación presupuestaria y la designación de autoridades dependerán de su capacidad para construir coaliciones que excedan al núcleo del PT y de su federación.

La victoria electoral resolvió quién ocupará la presidencia, pero no quién tendrá la capacidad de imponer su agenda en Brasil. El fortalecimiento parlamentario de las fuerzas de derecha, señalado también por Reuters antes del balotaje, permite dimensionar las restricciones que enfrentará el nuevo gobierno (Reuters, 2026a). La gobernabilidad no dependerá únicamente de la popularidad presidencial, sino también de la capacidad de transformar la legitimidad electoral en acuerdos parlamentarios realistas y duraderos.

Repercusión internacional

La continuidad de Lula posee un impacto que cruza fronteras. Su reelección supone la continuidad de una política exterior que busca ampliar la autonomía de Brasil frente a las grandes potencias y fortalecer su participación en los espacios de cooperación internacional. En un contexto de avance de gobiernos conservadores en América Latina, el resultado impide que la principal economía de la región quede bajo el liderazgo de un aliado político de Washington.

Sin embargo, sería exagerado interpretar la elección como una derrota definitiva de la estrategia regional de Donald Trump o como un cambio automático en el equilibrio internacional. Brasil mantiene intereses económicos y diplomáticos propios, y su política exterior deberá desenvolverse en una región atravesada por diferencias ideológicas y prioridades nacionales diversas.

Para países como Argentina y Colombia, la relación con el gobierno brasileño adquiere especial importancia por el peso de Brasil en el comercio regional. La continuidad de Lula abre la posibilidad de mantener canales de cooperación económica y política, aunque la relación bilateral también estará condicionada por las diferencias entre los gobiernos y por sus respectivas prioridades nacionales.

En el plano global, el resultado también representa una señal favorable para los BRICS, el bloque integrado originalmente por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, junto con otros miembros incorporados en su proceso de expansión. Lula ha impulsado una mayor participación del Sur Global en las decisiones internacionales y ha defendido reformas en las instituciones financieras multilaterales, una cooperación económica menos dependiente de las potencias occidentales y el uso de monedas nacionales en determinados intercambios comerciales. Su continuidad permite que Brasil siga promoviendo esas iniciativas desde dentro del bloque.

La reacción de Donald Trump añadió una dimensión diplomática a la controversia electoral. El presidente estadounidense cuestionó el proceso brasileño y afirmó que la elección había parecido fraudulenta, aunque no presentó pruebas que respaldaran esa acusación. También calificó de “muy extraña” la extensión del horario de votación. Al mismo tiempo, señaló que mantenía una buena relación con Lula y que no pretendía gobernar Brasil (Agência Brasil, 2026g; Reuters, 2026b).

Las declaraciones de Trump deben leerse en el contexto de su relación política con la familia Bolsonaro y de su interés por la orientación de los gobiernos latinoamericanos. No obstante, sus cuestionamientos no constituyen evidencia de irregularidades en el proceso electoral. La reacción estadounidense sí muestra que el resultado brasileño tiene relevancia más allá de sus fronteras y que la autonomía diplomática del país continuará siendo un aspecto importante de su política exterior.

Aunque este balotaje no define el orden mundial, sí condiciona su evolución. La disputa de fondo no es simplemente entre izquierda y derecha, ni entre Estados Unidos y China o Rusia. También es una disputa sobre quién define las reglas del sistema internacional y cuánto margen de autonomía conservan los países que buscan influir en ellas.

Nueva etapa política: ¿Qué es lo que sigue?

En su primer discurso tras la victoria, Lula anticipó que buscará modificar su forma de gobernar y fortalecer la participación ciudadana. El mandatario afirmó que pretende acercar las decisiones políticas a la población y disputar el espacio digital, donde las plataformas y la circulación de información adquirieron un peso decisivo durante la campaña. También prometió que buscará realizar el mejor mandato de su trayectoria (TN, 2026).

A las dificultades políticas se suman las restricciones económicas. Los análisis publicados tras la elección identifican la política fiscal como uno de los principales desafíos del nuevo mandato: la deuda pública, el costo de los intereses y las previsiones de crecimiento moderado podrían limitar los recursos disponibles para financiar programas sociales e inversiones (Ayres & Caram, 2026). Lula deberá intentar compatibilizar la protección de los ingresos, la continuidad de las políticas de asistencia y la inversión pública con la necesidad de sostener las cuentas estatales.

Las expectativas que genera la reelección son altas, pero las condiciones para gobernar serán exigentes. El nuevo mandato deberá responder a las demandas de una sociedad políticamente dividida, negociar con un Congreso en el que el oficialismo no cuenta con mayoría propia y afrontar restricciones económicas que pueden limitar el alcance de sus propuestas.

En consecuencia, el éxito de la gestión no dependerá únicamente de la capacidad de Lula para recuperar el vínculo con sectores del electorado. También estará condicionado por sus posibilidades de construir acuerdos legislativos, responder a las restricciones fiscales y mantener una estrategia internacional coherente con las prioridades internas de Brasil.

Conclusiones

La elección brasileña dejó una certeza institucional, pero no una resolución política definitiva. Lula da Silva continuará al frente del Ejecutivo, pero el resultado no eliminó las tensiones que atraviesan al país ni modificó las condiciones en las que deberá gobernar. El balotaje fue más que una competencia entre dos candidatos: la movilización del electorado, las controversias sobre el desarrollo de la jornada y la persistencia de una oposición con amplio respaldo muestran que la polarización brasileña no termina en las urnas.

La distribución territorial de los votos contribuyó con el resultado. Mientras Lula amplió su ventaja en el Nordeste, logró reducir la distancia que lo separaba de Flávio en el Sudeste. Estas dinámicas regionales, diferentes entre sí, contribuyeron a construir la mayoría nacional que definió la elección.

Del mismo modo, la continuidad del candidato del PT proyecta consecuencias internacionales. Brasil seguirá siendo un actor relevante en la articulación regional y en los BRICS, aunque su margen de acción también estará condicionado por las dificultades internas y por la relación con las principales potencias.

La reelección no debe interpretarse como una reafirmación de todas las políticas del oficialismo, del mismo modo que la derrota de Flávio Bolsonaro no supone la desaparición del bolsonarismo como fuerza política. El resultado definió quién ocupará la presidencia, pero dejó abiertos los debates sobre la agenda legislativa, el rumbo económico y la orientación internacional de Brasil.

La elección ya tiene un ganador, pero las disputas por el futuro político del gigante latinoamericano continúan. Lula tendrá que demostrar que su victoria puede convertirse en algo más que la continuidad de un gobierno: deberá transformarla en capacidad efectiva para gobernar, construir acuerdos y responder a las demandas de una sociedad que sigue profundamente dividida.

Referencias

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UOL. (2026b, 26 de octubre). Lula x Flávio: como o voto de cada região pesou no resultado da eleição. https://noticias.uol.com.br/eleicoes/2026/10/26/eleicao-lula-flavio-regioes.htm

UOL. (2026c, 26 de octubre). Votos no Nordeste: veja números de Flávio e Lula em cada estado entre 1º e 2º turnos. https://noticias.uol.com.br/eleicoes/2026/10/26/votos-no-nordeste-veja-numeros-de-flavio-e-lula-entre-1-e-2-turnos.ghtm