En agosto de 2026, la cuestión electoral irrumpió en el debate político de Ucrania tras las declaraciones del exministro de defensa, Mykhailo Fedorov, quien sostuvo la necesidad de formular un mecanismo legal, seguro y realista que permitiera la celebración de elecciones aun con la guerra en curso, argumentando que “La democracia no puede quedar rehén de Rusia”, y añadió que Ucrania lucha “precisamente porque queremos seguir siendo un Estado europeo libre” (Johnson & Kirby, 2026, traducción propia). Reuters ha descrito esta intervención de Fedorov como el mayor desafío interno para Zelensky desde el inicio del conflicto con Rusia (Hunder, 2026). Asimismo, la BBC indicó que la destitución de Fedorov había provocado protestas en Kiev, demostrando que dicha intervención obtuvo mayor relevancia política, en vez de limitarse a ser un mero planteo aislado en la discusión pública (Johnson & Kirby, 2026).
Pese a ello, Ucrania aún persiste bajo la ley marcial, sin elecciones nacionales desde 2019 debido a su suspensión. Zelensky, por su parte, rechazó la posibilidad de celebrar elecciones dadas las condiciones actuales por los enormes riesgos que implicarían (Temnycky, 2026). Esta cuestión también estuvo presente durante su encuentro con el presidente Donald Trump en 2025, quien sugirió que Zelensky estaría utilizando la guerra para atrasar las elecciones. A lo que Zelensky le respondió que las elecciones podían celebrarse en 60 o 90 días, si es que contaban con garantías de seguridad y apoyo por parte de los aliados (Johnson & Kirby, 2026). Dicho intercambio anticipó una discusión que más tarde en 2026 volvería a tomar mayor relevancia.
Tanto la posición de Fedorov como la de Zelensky reflejan dos preocupaciones que Ucrania debe atender al mismo tiempo: la seguridad del Estado y la posibilidad de volver a celebrar elecciones nacionales. En un contexto marcado por la guerra, ambas pueden entenderse como objetivos complementarios, porque contribuyen a preservar la capacidad de acción del Estado y su legitimidad política.
Elecciones bajo condiciones excepcionales
En enero de 2026, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa reafirmó que, según los estándares democráticos internacionales, las elecciones no pueden celebrarse mientras siga vigente la ley marcial. Además, resaltó la importancia de seguir apoyando a los Estados afectados por conflictos prolongados, especialmente Ucrania, para que puedan celebrar elecciones seguras, inclusivas y creíbles cuando las condiciones lo permitan (Parliamentary Assembly of the Council of Europe [PACE], 2026). A partir de este marco, el debate debería pensarse más allá de una lectura meramente personalista, centrada en las figuras políticas, y como un desafío institucional mucho más amplio.
Pese a este impedimento legal, PACE advierte que la legitimidad democrática puede verse arriesgada tanto por reiterada postergación de elecciones como también por su realización bajo condiciones restrictivas. Otra cuestión que señala es que la integridad general del proceso puede verse afectada por restricciones sobre la campaña, la participación y la observación electoral. Por lo tanto, el problema no radica únicamente en cuándo volver a las urnas, también importa que existan las condiciones suficientes para mantener la credibilidad de dicho proceso.
Otro obstáculo presente, es el de la participación. Según Forbes, casi siete millones de refugiados ucranianos se encuentran en el exterior, mientras que militares y ciudadanos en territorios ocupados enfrentan dificultades para poder participar. Además, todavía persisten los riesgos de seguridad, por lo que el voto presencial podría exponer a los ciudadanos, y una alternativa electrónica también podría quedar expuesta a ciberataques (Temnycky, 2026). Cualquier futura elección tendría que contemplar que, actualmente, una gran parte del electorado se encuentra mucho más fragmentado y disperso que antes de la guerra.
También se debe considerar la opinión pública. Una encuesta del Kyiv International Institute of Sociology citada por Forbes mostró que el 57 % de los ucranianos prefería esperar hasta un acuerdo de paz final y el fin completo de la guerra antes de celebrar elecciones. La misma encuesta registraba un 55 % de confianza en Zelensky (Temnycky, 2026). Por ahora, la encuesta no demuestra una mayoría dispuesta a votar de forma inmediata. Pero esta falta de demanda no suprime el problema electoral, sino que deja mayor margen para resolver cuestiones pendientes y dar mayor previsibilidad a una eventual convocatoria.
Además, PACE menciona que la desinformación, la interferencia extranjera y los ciberataques son amenazas que pueden afectar un proceso electoral, por lo que recomienda reforzar la infraestructura electoral y la capacidad de respuesta ante este tipo de amenazas (PACE, 2026), todo esto con el fin de resguardar la integridad de los sistemas y de la información electoral.
Gobernanza y orden político
Actualmente, Freedom House clasifica a Ucrania como “Partly Free” en 2026, con una puntuación de 51 sobre 100. El informe indica que parte del deterioro de los derechos políticos y las libertades civiles se debe a la invasión y a las restricciones impuestas bajo la ley marcial. A su vez, Freedom House menciona la realización de algunas reformas destinadas a fortalecer las instituciones democráticas. Sin embargo, la corrupción sigue siendo un problema que todavía persiste en el gobierno, el poder judicial y otros sectores (Freedom House, 2026). De esta forma, el retorno a la normalidad democrática dependerá en gran medida de la estabilidad de las instituciones que acompañen ese proceso a largo plazo.
Una guerra prolongada también modifica la manera en la que funciona un Estado. Las medidas empleadas para hacer frente a un contexto emergente pueden prolongarse y terminar por modificar la relación entre la seguridad, el poder político y las instituciones. Gran parte de la actividad estatal empieza a funcionar en torno a las necesidades de la guerra, y las decisiones tomadas como respuesta a una situación excepcional, pueden extenderse y terminar formando parte del funcionamiento normal del Estado.
Bajo estas circunstancias, la resiliencia institucional también dependerá de la capacidad de mantener la suficiente legitimidad, estabilidad política y consenso mientras las elecciones continúan suspendidas. Esta preocupación puede verse reflejada en las declaraciones de Fedorov: de acuerdo con Reuters, el exministro habló de una “crisis sistémica de gobernanza” y afirmó que ciertos problemas dentro del gobierno estaban perjudicando el esfuerzo de guerra (Hunder, 2026). Esta cuestión puede sumar desgaste interno sobre un sistema que ya de por sí funciona bajo fuertes presiones externas.
La transición democrática implicará criterios y reglas claras para revisar las decisiones tomadas durante la guerra. PACE sostiene que cualquier medida excepcional debería cumplir con criterios de legalidad, necesidad, proporcionalidad y temporalidad, y quedar sujeta a supervisión parlamentaria y judicial (PACE, 2026). Esto introduce una cuestión relevante para el caso ucraniano, porque la vuelta a la normalidad política probablemente no se dará de forma abrupta, sino que de forma gradual, conforme cambien las condiciones del país y sobre una realidad social que ya no será la misma que antes de la guerra.
En el ámbito internacional, esto también resulta importante ya que Ucrania depende en gran parte del apoyo militar, financiero y político de sus aliados para sostener el esfuerzo de guerra. Por esta razón, las decisiones tomadas en la política interna no pueden separarse por completo de su situación internacional.
Conclusión
La discusión sobre el regreso de las elecciones en Ucrania implica más que simplemente decidir una fecha. En tanto la guerra siga en curso y la ley marcial siga vigente, la prioridad seguirá siendo preservar la capacidad del Estado para resistir, defenderse, así como la continuidad de su conducción política. Las condiciones actuales aún dificultan la celebración de una elección nacional, no es posible garantizar una amplia y plena participación en un contexto donde emergen diversos riesgos para los votantes, y donde aún hay incertidumbre sobre cómo asegurar la integridad del proceso.
A partir de esto, tanto Zelensky como Fedorov han señalado cuestiones que seguirán siendo relevantes para el futuro político de Ucrania. Tras varios años de conflicto, resulta necesario preservar la continuidad democrática mediante una vía clara y concreta hacia una futura normalización política, aunque tampoco correspondería forzar tiempos que aún no responden a las condiciones actuales. En consecuencia, la estabilidad de Ucrania también dependerá de su capacidad para mantener ese equilibrio cuando las condiciones permitan avanzar más allá de la excepcionalidad.
Referencias
Freedom House. (2026). Freedom in the World 2026: Ukraine. Freedom House. https://freedomhouse.org/country/ukraine/freedom-world/2026
Hunder, M. (2026, 18 de agosto). Ukraine’s ousted defence minister calls for wartime elections. Reuters. https://www.reuters.com/business/aerospace-defense/ukraines-ousted-defence-minister-calls-wartime-elections-2026-08-18/
Johnson, D., & Kirby, P. (2026, 19 de agosto). Sacked Ukrainian defence minister calls for presidential election. BBC News. https://www.bbc.com/news/articles/cdew8n9erlwo
Parliamentary Assembly of the Council of Europe. (2026, 27 de enero). Elections in times of crisis (Resolution 2636). Council of Europe. https://pace.coe.int/en/files/35846/html
Temnycky, M. (2026, 3 de septiembre). Why can Ukraine not hold wartime elections? Forbes. https://www.forbes.com/sites/marktemnycky/2026/09/03/why-can-ukraine-not-hold-wartime-elections/