El 9 de mayo de 1950 en el Salón del Relojdel Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia en el Quai d’Orsay, París. Robert Schuman, Ministro de Asuntos Exteriores de Francia pronunció el discurso histórico que expuso la intención de Europa por comenzar el proceso de integración económica regional. Cuyo hito conocido como la Declaración Schuman, allanó el camino para una nueva era de paz, integración y cooperación en todo el continente, y a su vez, sentó las bases de la Unión Europea tal como la conocemos hoy.
El Gran Matiz detrás del proyecto de integración comercial ideado por Jean Monnet.
El rumbo que tomó Europa a principios de los 50’s del siglo pasado, fue una decisión pragmática y estratégica que surgió principalmente como consecuencia del temor de una nueva gran guerra en el continente, ya que como se sabe, la disputa por recursos estratégicos durante ese momento era la causa más directas de las tensiones transfronterizas las cuales eran muy común que desembocaron en una guerra de repercusión global.
La Segunda Guerra dejó en evidencia la incapacidad de Europa de manejar las tensiones entre las grandes potencias europeas y que a su vez en vez de beneficiarlos a ellos terminaba por dejarlos en la intemperie económica frente a otras potencias como Estados Unidos y la Unión Soviética.
Ahora bien, la visión detrás del plan de Monnet, especialista francés en economía internacional, era predominantemente política cuyo fin principal estaba orientado a evitar la marginalización de Alemania por parte de los demás estados europeos, como lo ocurrido posteriormente a la Primera Guerra Mundial, se intentaba conciliar al país con Francia para evitar un nuevo dominio alemán.
Aunque la intención era puramente política, se utilizó a la economía como mecanismo para lograr generar interdependencia comercial entre los países y que esa misma provocará que estos se replantearan con cuidado su accionar geopolítico.
Jean apostó primero a lo comercial para que los intereses nacionales de los estados no se vieran amenazados, este creía que eventualmente terminaría en la conformación de estados federales europeos con un gobierno europeo en común, para éste era inevitable que lo que comenzará con intereses económicos en común pudiera avanzar a una unión política.
Este plan es lo que hoy conocemos como el “Método Monnet”. Jean Monnet no quería crear un superestado de golpe, sino que creía en la idea de que Europa no se haría de una vez, sino a través de “realizaciones concretas que creen una solidaridad de hecho”. La creación de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) fue ese primer ladrillo. Fue la primera vez que los países aceptaron una soberanía compartida, cediendo el control de sus recursos más estratégicos a una autoridad superior.
Secretismo y Elitismo al rededor del Discurso Schuman.
El quiebre de la democracia en Europa con la derrota de Weiman en 1930 que dio paso a Hitler al poder en Alemania además del ingreso del la fascismo en Italia por medios democráticos, generó una profunda desconfianza sobre las masas populares.
Se comenzó a argumentar que la voluntad de la ciudadanía no estaba a la altura de lo que implicaba la toma de decisiones importantes. Por lo que se comenzó a delegar las decisiones políticas a órganos independientes, donde estos fijan reglas que el gobierno de turno se ve obligado a aceptar.
Un ejemplo del tecnocratismo europeo es la creación de la Comisión Tecnocrática Europea en 1957 donde las decisiones y direcciones eran tomadas solamente por técnicos especialistas en política y economía internacional, excluyendo así del proceso a sindicatos, partidos radicales de izquierda, ciudadanos comunes y movimientos sociales.
El Discurso Schuman es una muestra del elitismo a la hora de tomar decisiones que marcan el rumbo de toda una gran comunidad por décadas. Aunque el discurso fue firmado y presentado por Robert Schuman, ministro de Asuntos Exteriores francés, el plan fue ideado y propuesto por Monnet, que gracias al respaldo del gabinete francés se pudo legitimar públicamente. Pero originalmente fue una decisión que no tomó en cuenta ni siquiera a los gobiernos nacionales como Alemania y Gran Bretaña quienes fueronnotificados sin una negociación previa.
En la concepción Schumpeteriana, la democracia es un mecanismo de limitación del poder político de los representantes; en la concepción Rousseauniana, la democracia es una forma de autogobierno colectivo. La Tecnocracia puede anular la voluntad de las masas. populares pero no puede anularla del todo sí la sociedad tiene el poder de elegir a sus representantes.
Esto se ve expresado perfectamente en la historia de la Unión Europea. Los tecnócratas han demostrado a su vez que los problemas sociales y políticos pueden ser solucionados con método y objetividad pero también con el paso del tiempo han logrado coexistir con la voluntad general expresada a través del voto, ya que las decisiones importantes tomadas solo por “los que saben” también pueden ser imperfectas y contraproducentes sí no se toman conjuntamente con la sociedad europea.
Del Legado Schuman al Debilitamiento Francés.
La relación entre Francia y Alemania dentro de la Unión Europea es uno de los ejesde poder más fascinantes de la política contemporánea. Así como también una de las mayores tensiones permanente en el corazón de Europa, por un lado Francia aportando la visión política y el liderazgo simbólico, mientras que Alemania sostiene el músculo económico que hace funcionar al bloque.
Francia y Alemania eran enemigos históricos, cuyas economías eran como dos piezas de un rompecabezas que no encajaban por culpa de la guerra. Francia poseía grandes yacimientos de mineral de hierro en la región de Lorena, pero le faltaba el combustible para procesarlo. Por su parte, Alemania tenía el carbón necesario (especialmente en la cuenca del Ruhr) para alimentar las fundiciones, pero necesitaba el hierro francés. Al compartir estos recursos, se creaba una dependencia mutua: ninguno podía funcionar sin el otro.
Schuman quien dio la cara y la voz, y Monnet quien escribió el plan, sabían que los tratados de paz en papel no servían si no había algo real que los uniera. Al poner el carbón y el acero bajo un mandato compartido, la guerra se volvía “no solo impensable, sino materialmente imposible”. Si compartes la “cocina” de la industria pesada, es físicamente imposible que un país fabrique armas en secreto para atacar al otro. Este experimento de soberanía compartida, que duró exactamente 50 años, demostró que la gestión común era más fuerte que el nacionalismo. Al expirar el Tratado de París en 2002, la CECA no se disolvió por un fallo, sino porque había alcanzado un éxito total. Después de 50 años, su misión de vigilancia industrial ya no era necesaria porque Francia y Alemania habían entrelazado sus destinos de forma irreversible. Como decía Schuman: “La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores”.
Sin embargo, el equilibro de poder entre Alemania y Francia dependen del contrapeso del gran desempeño económico Alemán marcado posteriormente a las reformas laborales Hartz en el 2005 que ayudaron a flexibilizar el mercado laboral y también gracias a la industria la cual está ampliamente dirigida al consumo exterior aportando considerables cifras al PBI nacional. (Hartz IV, 2003)
En cambio, Francia se destaca por su demografía social, según el Instituto Nacional de Estudios Demográficos francés, explica cómo Francia tiene mayor fertilidad (~2 hijos por mujer) y mayor crecimiento natural que Alemania que depende en su mayoría de la inmigración. Otras fuentes como la ONU (Naciones Unidas) han halagado las políticas dirigidas a familias y fertilidad, convirtiéndose en un ejemplo para los demás países europeos ya que contrarresta la situación de Europa frente al envejecimiento poblacional.
Es así también como el CECA fue un proyecto que se concentró tanto en integrar estructuras a través del marco económico, que a su vez ello causó que se descuidara el área militar hasta el punto de quedar completamente indefensos ante un mundo “hostil” en materia de defensa y seguridad, convirtiéndolos en un significativo referente del poder suave.
El descuido militar no fue algo intencional, fue una elección consciente y cómoda, Bar Cendón afirma que frente al fracaso de la Comunidad Europea de Defensa en 1954 Europa decide confiar en el plan estratégico de Estados Unidos, el cual trataba de sofocar la influencia comunista mediante la OTAN (Organización del Tratado Atlántico Norte) y el poderío nuclear norteamericano.
La necesidad actual de Europa por fortalecer su poder duro y soberanía frente al exterior se ha visto reflejado en la política exterior de Macron, Presidente de Francia, quien gracias a su libertad operacional y capacidad militar ha apoyado a Ucrania en su conflicto con Rusia, planteó dudas sobre el compromiso de Estados Unidos con la defensa del continente, además de sus esfuerzos por mantener la unión aún ante los intereses nacionales convergentes.
No obstante, el cometido de Francia de controlar a Alemania indirectamente mediante la Comunidad del Acero y del Carbón, surtió efecto, Alemania nunca volvió a hacer potencia militar agresiva, se creó una fuerte alianza franco-alemana que impulsó al gran proyecto de integración por décadas, y finalmente, Alemania logró integrarse completamente a las instituciones europeas.
Aunque este control parcial significó la pérdida de poder militar de Europa, esto demostró que no es amenaza suficiente como para quebrantar la paz establecida en Europa en 1950. Hoy, a 75 años de esa declaración, el objetivo es dar un paso más hacia la paz duradera entre los estados europeos, pero esta vez en un contexto muy diferente y desafiante para Europa.
Actualmente, aunque el objetivo fundacional sigue siendo la base de la cooperación, los objetivos se han visto modificados por las configuraciones que se van desarrollando en el nuevo mundo multipolar y globalizado del Siglo XXI, donde no solo existe una interdependencia económica entre países de Europa sino también de ésta hacia el mundo entero, lo que hace de la integración regional sea más una necesidad que una herramienta estratégica la cual abandonar cuando ésta no esté alineada con los intereses internos de los estados-nación.
Si bien la política Exterior de Donald Trump ha generado mucha desconfianza en Europa, esto a su vez ha llevado a posicionar a Francia nuevamente en el foco del escenario internacional debido a la gran tensión entre Irán y Estados Unidos lo que ha afectado el exceso de los europeos a los recursos energéticos como los hidrocarburos.
Las continuas provocaciones de Irán hacia Estados Unidos, bloqueando el estrecho de Ormuz, ha demostrado que Francia y la Unión Europea no están dispuestas a seguir dependiendo de Estados Unidos de la misma forma que lo hacían antes, esto se ha visto reflejado en la disminución de importaciones de armamentos norteamericano por parte de los países europeos, lo que ha dado una clara señal de protesta hacia el mal manejo de las relaciones de Estados Unidos hacia con sus competidores y enemigos medio orientales.
Entonces, ¿qué pasó con el ideal de federalismo europeo?
Ninguna nación europea, por poderosa que sea, puede dictar sus propias leyes comerciales o ambientales sin el consenso general de todos los miembros. La existencia de una moneda única, el Euro, y un tribunal cuya palabra está por encima de las constituciones nacionales demuestra que el “paso decisivo” que pidió Schuman se dió: los países ya no son dueños absolutos de su destino. La solidaridad demostrada en los fondos post-pandemia es la prueba final de que Europa funciona como un solo cuerpo económico.
Francia y Alemania no solo participan en la UE, sino que la lideran. Para Francia la UE es una plataforma para que su voz se escuche ante gigantes como China o Estados Unidos, utilizando la “autonomía estratégica” como una forma de proyectar su propio concepto de defensa y geopolítica. En este sentido, la Unión puede verse como un “multiplicador de poder” para quienes tienen la capacidad económica y política de marcar la agenda, dejando a veces a los países más pequeños en una posición de seguidores.
La Unión Europea es un híbrido. Es una confederación en su administración y un instrumento de poder en su política externa. Lo que empezó como una forma de un acuerdo industrial de supervivencia y reconciliación en un continente destruido ha evolucionado hacia una estructura donde los países prefieren pelear en una sala de reuniones en Bruselas que en un campo de batalla. Al final, el federalismo europeo no buscaba eliminar el poder de las naciones, sino canalizarlo de forma tal que Europa, unida por una “solidaridad de
hecho”, no vuelva a ser nunca más el escenario de su propia destrucción.
Conclusión
De cara al exterior, Europa perdió más de lo que ganó con la conformación de la Unión Europea, debido a su imagen más “pasiva” y dependiente de las políticas estadounidenses. Sin embargo, teniendo en cuenta la Paz Armada del siglo XIX, la Primera y la Segunda Guerra Mundial, la paz del siglo XXI no tiene precedente alguno en la historia de Europa, y eso es lo que la convierte en un caso de éxito.
Ahora bien, la pregunta es si realmente Francia podrá convertir al continente en una potencia militar nuevamente, sin que eso perjudique los esfuerzos políticos y económicos de las últimas décadas.
Pese a los conflictos internacionales y a las quejas y preocupaciones de Europa hacia Estados Unidos, este último sigue teniendo la capacidad bélica que Europa aún intenta alcanzar, y de la cual todavía depende para hacer frente a las amenazas exteriores que, paradójicamente, son consecuencia de su alineación histórica con Estados Unidos.
En este escenario, el desafío para el liderazgo francés es demostrar que la soberanía europea no es un ataque a la alianza transatlántica, sino un paso necesario para su propia supervivencia. Si Europa sigue siendo débil militarmente y política, será un problema para EE. UU.; si Europa se condolida bajo sus propias condiciones, será un aliado estratégico para la supervivencia de Occidente.
Referencias
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of European Ideas.
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https://doi.org/10.33426/rcg/2025/119/1858
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(CECA) (IP/02/898).
https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_02_898
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Torres Espinosa, E. (2008). “La Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Un hito
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