Análisis

Día Internacional Contra los Ensayos Nucleares: El Poder Jerárquico y Simbólico en las Armas de Destrucción Masiva desde la Sociología Contemporánea

La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró en 2009 al 29 de agosto como Día Internacional contra los Ensayos Nucleares por medio de la aprobación de la Resolución 64/35. En su cláusula operativa número 1, se establece que el día es “dedicado a aumentar la conciencia y los conocimientos del público sobre los efectos de las explosiones de ensayo de armas nucleares” (UNGA, 2009). Por esto, se conmemora desde el ámbito institucional, como una fecha que insta a la disuasión de las armas de destrucción masiva, exhortándonos a la reflexión de las devastadoras consecuencias sociales que el uso de bombas atómicas ha traído históricamente.

No obstante, no nos encontramos solo ante un problema diplomático que recae en la presunta falta de voluntad para el desarme de los Estados. Es por esto que el presente artículo propone, como expansión de la reflexión que ya conlleva la fecha, un análisis sobre el fenómeno sociológico detrás de las armas de destrucción masiva: una estructura de dominación jerárquica  y simbólica en la que las mismas constituyen un instrumento de estratificación social global, reflejado en el uso de narrativismos políticos clasificatorios alrededor del globo

El Tratado de No Proliferación Nuclear: La legitimación del monopolio y la jerarquía posesiva

El acontecimiento que introdujo al armamento nuclear formalmente en la diplomacia internacional fue la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) en 1968. Su entrada en vigor fue notificada dos años más tarde por la OIEA, marcando el inicio del esquema geopolítico de poseedores y no poseedores: El TNP facultó en su artículo IX: “[…] Un Estado poseedor de armas nucleares es un Estado que ha fabricado y hecho explotar un arma nuclear u otro dispositivo nuclear explosivo antes del 1° de enero de 1967” (Conferencia de las Partes encargada del examen del Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares, 1975), legitimando así el dominio de armas de destrucción masiva de solo cinco naciones: Los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, China y la URSS (a día de hoy, la Federación Rusa heredó esta potestad). 

El hecho de que el TNP legitime la posesión de armas nucleares de las mismas naciones que, hoy en día, mantienen el poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, da pie a un nuevo enfoque desde el cual analizar el TNP: no solo por la amenazante fuerza destructiva del armamento, sino como una forma de capital simbólico (parafraseando a Pierre Bourdieu en su vasta producción) legítimamente monopolizado ante la comunidad internacional. En este marco, la posesión de armas nucleares, al igual que el poder de veto, puede ser vista como un instrumento de poder de agenda, que otorga una fuerte soberanía de intervención en el orden mundial. Como señala Max Weber (1919/1967), “el Estado se define como aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio […] reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima”. Esto, extrapolado a nivel internacional, refleja el hecho de que la posesión de armas que podrían acabar con la humanidad casi por completo se encuentra legítimamente monopolizada por el TNP, a los llamados Big Five. Estas cinco naciones actúan como el Estado de Weber, ejerciendo el dominio de la “violencia legítima” sobre todo el territorio mundial por medio de la amenaza existencial que representa el potencial uso de armas nucleares.

En este contexto de monopolio nuclear, se observa una división en el orden mundial respecto al TNP: los países que poseen ojivas nucleares y los que, se argumenta, cometen una “desviación” o “amenaza” al intentar acceder a las mismas. Quienes controlan las armas atómicas legítimamente, relativizan la definición de lo seguro y lo riesgoso en la diplomacia nuclear en función de su posicionamiento geopolítico y la defensa de sus posesiones. En este marco, los debates internacionales sobre no proliferación, terminan siendo luchas por definiciones políticas y éticas fijadas por la pretensión geopolítica de mantener la jerarquía que legitima el TNP. Ulrich Beck (1986/1998) argumenta que “en las definiciones del riesgo […] las pretensiones, los intereses y los puntos de vista en conflicto de los diversos actores […] y de los grupos de afectados son obligados en las definiciones del riesgo a ir juntos en tanto que causa y efecto, culpable y víctima”. Adaptando este escenario social a la diplomacia nuclear, se puede evidenciar como el interés y la perspectiva de las naciones influye en la definición y la causa del riesgo que implicaría el uso de armas nucleares contra la humanidad. Al estar legalmente monopolizada la posesión, la definición de amenaza de proliferación se encuentra sesgada a la postura que los Big Five sostengan sobre el peligro.

El poder simbólico del lenguaje en la diplomacia nuclear: Evidencia y consecuencia social del riesgo relativizado

En el contexto de monopolización y relativización geopolítica de las definiciones de amenaza de proliferación nuclear, se puede analizar el discurso de los actores dentro de un escenario político internacional cuyo debate gira en torno a la fabricación y al uso de armas de destrucción masiva. Podemos encontrar patrones frecuentes que evidencian el interés por mantener la jerarquía legitimada por el TNP, por ejemplo, el uso de la straw man fallacy (o falacia del hombre de paja en español). Al definir sesgada y relativamente como “potencial amenaza existencial” a la obtención de armas nucleares por parte de naciones que no forman parte del Big Five, se da pie a disputas en la encrucijada internacional. Es en este marco donde entra en juego el uso de la falacia. La misma implica la distorsión, exageración o simplificación del argumento ajeno para luego refutar esa versión débil, creando la ilusión de haber ganado la discusión. Desde la relativización del riesgo geopolítico, la alteración del argumento consiste mayormente en el posicionamiento de la postura ajena al monopolio como extrema, o más peligrosa de lo que es en realidad.

En sociología del lenguaje, “Es preciso examinar la parte que corresponde a las palabras en la construcción de las cosas sociales, y la contribución que la lucha de las clasificaciones, […] aporta a la constitución de […] clanes, tribus, etnias o naciones” (Bourdieu, P. 1985/2008). Este dicho de Bourdieu simboliza que el lenguaje no solo describe la realidad, sino que puede crearla. En cuanto a escenarios políticos sobre diplomacia nuclear, la examinación de las palabras clasificatorias que crean una nueva realidad puede aplicarse a una situación que ya se ha observado a lo largo de la historia: un miembro del monopolio legal de posesión de armas nucleares aplica la straw man fallacy contra una nación o grupo con la que en el momento está en conflicto, argumentando, de manera alterada y buscando posicionarla como amenaza ante la comunidad internacional, que la misma está llevando a cabo ensayos nucleares. Frecuentemente, también se simplifica la imagen de figuras políticas de la nación o grupo ajeno al Big Five, reduciéndolas a simplemente actores cuya incidencia en la diplomacia nuclear es “peligrosa” o “amenazante”, argumentando escasamente el por qué de este peligro.

La presentación de estas situaciones muestra como el uso de la falacia monopoliza la narrativa de clasificación, caracterizando la concepción que la sociedad le dará a las naciones, grupos y figuras políticas que reciben la falacia. “La sociedad establece los medios para categorizar a las personas y el complemento de atributos que se perciben como corrientes y naturales en los miembros de cada una de esas categorías” (Goffman, E. 1963/1970). Por lo que, en términos de política internacional, los individuos que establezcan como medio el narrativismo político relativizado que categoriza a una nación, actor político, o grupo internacional como “amenaza nuclear”, concebirán su única imagen como potencial peligro existencial que prolifera armas de destrucción masiva. Esto lleva a la normalización social de esta imagen sesgada, que termina, frecuentemente, por atribuirse por completo popularmente al ente objeto de la falacia.

Conclusión

En suma, el examen expuesto revela que la problemática de las armas de destrucción masiva trasciende la gestión diplomática y la voluntad de desarme de los Estados para convertirse en un dilema sociológico: el esquema internacional configurado tras la firma del Tratado de No Proliferación (TNP) en 1968 consagró una estructura de estratificación global en la que la posesión atómica opera como un capital simbólico monopolizado legítimamente por los llamados comúnmente Big Five. Esto se traduce, extrapolando concepciones de autores de sociología, en un monopolio de la “violencia física legítima”. El cual, a escala global, tiene la capacidad de moldear las agendas y aplicar clasificaciones estigmatizantes sobre el resto de la comunidad internacional, sesgando en función de su postura y relativizando la noción de “riesgo” o “amenaza” a través de recursos retóricos como el uso de la straw man fallacy. Lo que termina por normalizar socialmente narrativas que categorizan arbitrariamente a naciones y grupos considerados enemigos del monopolio.

Referencias

Asamblea General de las Naciones Unidas. (2009, 2 de diciembre). Resolución 64/35. Día Internacional contra los Ensayos Nucleares (A/RES/64/35). 

Beck, U. (1998). La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad (J. Navarro, D. Jiménez y M. R. Borrás, Trads.). Paidós. (Obra original publicada en 1986). 

Bourdieu, P. (2008). Qué significa hablar: Economía de los intercambios lingüísticos (A. M. Palos, trad.; 5.ª ed.). Akal. (Trabajo original publicado en 1985)

Conferencia de las Partes encargada del examen del Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares. (1975). Documento final: Parte I (NPT/CONF/35/I). Naciones Unidas. 

Goffman, E. (1970). Estigma: La identidad deteriorada (P. Carbajosa, Trad.; 1.ª ed., 1.ª reimp.). Amorrortu editores. (Trabajo original publicado en 1963) 

Weber, M. (1967). El político y el científico (R. Aron, introd.; F. Rubio Llorente, trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1919).