La conmemoración del Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información invita a reflexionar sobre cómo la conectividad ha dejado de ser un simple avance técnico para convertirse en el sistema central de la economía, la política y las relaciones internacionales contemporáneas. Asimismo, este hito se celebra en un contexto donde el ciberespacio y sus redes se han consolidado como la capacidad tecnológica e industrial de las naciones, lo que ha desplazado el foco desde la mera comunicación hacia el control estratégico de la información.
En la actualidad, la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China se está acelerando en torno al desarrollo de redes 5G y el control de infraestructuras digitales. En consecuencia, se ha convertido en uno de los principales ejes de tensión internacional. Se marcó un punto de inflexión en la manera en que los Estados comprenden a la tecnología: no es solo parte esencial de la economía sino como un recurso del poder geopolítico.
Por consiguiente, este contexto revela que la competencia global en uno de los espacios que se libra es a través del control de la infraestructura digital que sostiene la economía, las comunicaciones y la circulación de información. Los activos estratégicos con la capacidad de influir en la autonomía de los países, su seguridad nacional y su inserción internacional son las tecnologías como el 5G, los centros de datos y los cables submarinos.
Por lo tanto, el objetivo será analizar el surgimiento de una nueva “guerra fría tecnológica”, caracterizada por la formación de bloques tecnológicos liderados por Estados Unidos, China y la Unión Europea. En este escenario, las telecomunicaciones se convierten en un espacio central de disputa por la soberanía tecnológica, la dependencia de proveedores extranjeros y el control de infraestructuras críticas a escala global.
La Arquitectura de la Conectividad: Cables, Datos y el Nuevo Colonialismo Digital
La primera dimensión a tener en cuenta en la “guerra fría tecnológica” es la infraestructura física. Cuando se piensa en el ciberespacio se suele imaginar una estructura no material, pero para su construcción y mantenimiento depende una red de cables submarinos de fibra óptica que gestionan más del 99% de la conectividad mundial. Esta infraestructura está siendo dominada por gigantes estadounidenses como Google y Facebook, quienes han pasado de controlar el 10% de la fibra óptica mundial en 2012 a más del 66% en los últimos años (Cancela, 2024).
Este dominio sobre los cables se le suma a la centralización en los Centros de Procesamiento de Datos (CPD), los cuales actúan como los “búnkeres” de la economía digital (Cancela, 2024). Esto es a causa de que las grandes empresas tecnológicas almacenan información y extraen valor a través del extractivismo de datos y algoritmos de vigilancia (Zuccaro y Schulz, 2020). Por lo cual, esta estructura tecnológica posibilita a las potencias convertir la interdependencia tecnológica en un “arma”, donde se otorga una capacidad de coacción extraterritorial a través del control de los sistemas operativos o los sistemas de pago (Arteaga, 2019). Por ende, la soberanía digital se convierte en un concepto con gran vigencia, traducido en el derecho de un Estado a ejercer autoridad sobre la tecnología y el ciberespacio dentro de su territorio para evitar una dependencia absoluta de terceros (López Velarde Campa, 2021).
Bloques en Pugna y el Surgimiento del “Muro Tecnológico”
Otra dimensión a tener en consideración es cómo la competencia se manifiesta en la formación de bloques liderados por modelos políticos y económicos divergentes. Por un lado, el modelo de Estados Unidos está liderado por el sector privado y las “Big Five” (GAFAM), cuya hegemonía se sustenta en la monetización masiva de datos y una creciente “securitización” del ciberespacio desde los atentados del 11-S. Por otro lado, China ha establecido una perspectiva tecnonacionalista a través de planes como “Made in China 2025”, empleando recursos estatales para conseguir el liderazgo en redes 5G y disminuir su dependencia externa (López Velarde Campa, 2021; Arteaga, 2019; Cancela, 2024). Asimismo, la empresa Huawei es el actor central en esta disputa, liderando el despliegue de redes 5G a nivel global, lo que Washington percibe como una amenaza directa a su seguridad nacional y preeminencia económica (Dierckxsens y Formento, 2020).
En consecuencia, esta rivalidad está llevando a lo que algunos autores denominan el “Muro Tecnológico” o desacoplamiento (decoupling) (Dierckxsens y Formento, 2020). Debido a esto, la fragmentación del orden global en estándares tecnológicos divergentes podría producir una “Edad Media digital”, determinada por una evolución tecnológica caótica, mercados oligopolistas y restricciones severas al flujo de información (Feijóo González y Atienza Riera, 2022). Por lo cual, en un contexto de bipolarización coacciona a los Estados a decidir un bando, que como resultado afecta a las cadenas de suministro globales e incrementa los costos de innovación (Dierckxsens y Formento, 2020). Mientras que un escenario unipolar favorece la eficiencia del mercado global, la multipolaridad amenaza con establecer los procesos de globalización en favor de bloques cerrados de influencia (Yan, 2023).
El Dilema Europeo y la Búsqueda de Autonomía Estratégica
Del mismo modo, la Unión Europea (UE) desarrolla un modelo reactivo y normativo, con el objetivo de preservar su capital tecnológico frente al debilitamiento relativo de su competitividad. La UE se halla en una posición de vulnerabilidad, debido a que depende fuertemente del software estadounidense y del hardware de Asia Oriental (Feijóo González y Atienza Riera, 2022). Para contrapesar esta posición, ha incentivado el concepto de autonomía estratégica y soberanía digital, con el fin de disminuir la dependencia en áreas críticas como la inteligencia artificial, los semiconductores y la computación en la nube (Arteaga, 2019; Feijóo González y Atienza Riera, 2022).
No obstante, el éxito de este “círculo virtuoso de la innovación” —que conecta investigación, productividad y liderazgo— demanda de marcos regulatorios garantistas y de un sólido sector industrial que Europa lucha por reconstruir para evitar convertirse en “vasallos tecnológicos” de los dos grandes bloques (Yan, 2023; Feijóo González y Atienza Riera, 2022).
En este escenario, la diplomacia tecnológica se convierte en una herramienta esencial para gestionar las tensiones entre la seguridad nacional y la apertura económica, intentando establecer normas globales que protejan la dignidad humana y los derechos digitales frente a los imperativos de la competencia geopolítica. Por lo tanto, el resultado de esta tensión internacional determinará quién domina la economía del siglo XXI y qué modelo de sociedad prevalecerá en un mundo crecientemente digitalizado (Sanjurjo Jul, 2011; Feijóo González y Atienza Riera, 2022).
Conclusión
La transición hacia una nueva “guerra fría tecnológica” confirma que el posicionamiento estratégico de las naciones en el siglo XXI depende de la combinación de su influencia económica y militar; simultáneamente, la tecnología ha dejado de ser solamente un motor de productividad para convertirse en la herramienta central del poder geopolítico. En definitiva, la estabilidad internacional dependerá de si los Estados son capaces de transformar la competencia en una colaboración que entienda la tecnología como un recurso para el bienestar colectivo y no solo como un arma de interdependencia. Por lo cual, el éxito de esta transición determinará si avanzamos hacia un futuro de vigilancia y exclusión o hacia un modelo de desarrollo sostenible y soberano.
Referencias
Arteaga, F. (2019). Disrupción tecnológica y orden global. Revista UNISCI /
UNISCI Journal, (51), 109-128.
Cancela, E. (2024). Utopías digitales: imaginar el fin del capitalismo. Prometeo
Editorial.
Dierckxsens, W. y Formento, W. (2020). Nueva guerra fría y muro tecnológico,
inteligencia artificial, big data. ALAI – Agencia Latinoamericana de Información.
Feijóo González, C. y Atienza Riera, J. M. (2022). Diplomacia tecnológica y
geopolítica multipolar: una revisión de cuestiones clave. Estrategia Iberoamericana,
(427), 33-44.
López Velarde Campa, J. A. (2021). Derechos de la soberanía digital. Ediciones
La Biblioteca.
Sanjurjo Jul, J. M. (2011). La innovación y la tecnología como factor estratégico
diferenciador en el siglo XXI. Cuadernos de Estrategia, (151), 25-66.
Yan, K. (2023). Transformaciones en la distribución del poder a escala global:
¿China puede ser la nueva potencia hegemónica mundial? [Trabajo de Fin de
Máster, Universidad de Barcelona].
Zuccaro, A. y Schulz, S. (2020). La disputa por la hegemonía mundial: big data,
cuarta revolución industrial y 5G. Actas de Periodismo y Comunicación, 6(2).